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Björk: “Las chicas que nacen hoy experimentarán un mundo mucho mejor que el de hace 20 años”

Björk (56) recuerda que hubo una Navidad en que en algunos rincones de su natal Reikiavik, la pequeña capital de Islandia, se podía encontrar a mucha gente usando vestimenta de origen chileno.

“Me acuerdo de haber ido a los mercados en Chile, porque una de esas giras fue justo antes de Navidad. Yo estaba con 10 personas más de Islandia y compré muchas cosas, por lo que cuando volvimos entregamos todos esos regalos navideños a nuestros familiares. Entonces, muchos meses después vi a mucha gente en el centro de Reikiavik usando gorros, guantes y bufandas chilenas, nos llevamos toneladas de productos tejidos desde Chile a Islandia. Hasta el día de hoy hablamos de eso con aquellos que estábamos en ese tour”, precisa con respecto a su visita de 2007, para un show en el Estadio San Carlos de Apoquindo, en conversación vía Zoom con Culto (aunque sólo por audio y sin cámara: la reina multimedia esta vez prefiere esconderse y ser sólo una voz espectral de marcado acento nórdico).

Sin embargo, un par de años más tarde, la cantante dejó de ver reuniones y encuentros colectivos en su ciudad. A cambio, el silencio. Como a todo el planeta, la pandemia del Covid en 2020 la obligó a refugiarse en su hogar, olvidándose de las giras y resistiendo el encierro gracias a la organización de pequeñas fiestas en el ático de su casa, donde terminaba pinchando música y ejerciendo como improvisada DJ.

Pero, por sobre todo, el confinamiento la empujó a tomar la decisión de volver de forma definitiva a Islandia, un camino en reversa hacia la cuna tras décadas viviendo en Nueva York. En rigor, desde los 16 años que no pasaba tanto tiempo en su país. “Por la pandemia tuve que estar dos años en Islandia, sin viajar, lo que amé profundamente, porque así pude estar con mi familia y mis amigos, ya que todos viven cerca de mí. Todo eso hizo de este período uno muy feliz, porque estás en tu nido, en tu tierra, con toda la gente que amas. Fue un sentimiento de mucha felicidad”, describe.

Esa operación retorno funcionó como telón de fondo de su nuevo álbum, Fossora, con fecha de estreno para este viernes 30 de septiembre. Un título en latín que significa “excavadora” y que precisamente retrata la intención de extraer inspiración desde su propia vida, desde lo más profundo de su existencia terrenal, sin el acento ensoñador que había sobrevolado sus discos recientes. Si su afán inventivo siempre ha presentado cada uno de sus álbumes como una antítesis del anterior, este continúa el hábito: mientras Vulnicura (2015) es un testimonio desolado de su divorcio con el artista Matthew Barney, y Utopia (2017) responde a su nombre como un viaje fantástico e ilusorio hacia mejores lugares, Fossora es el aquí y el ahora, la realidad en su faz más descascarada.

La mujer que enseñó a tantas otras a erigirse como figuras tan inquietas como consagradas, tan vanguardistas como exitosas -de Lady Gaga a Rosalía, de Regina Spektor a Sia-, ahora quiere hablar de ella misma y sus circunstancias.

De hecho, su sonido también es más visceral, con las cuerdas y el clarinete como ejes, además de bases electrónicas que curiosamente la acercan al reggaetón, como si quisiera reiterar machacante el carácter directo de sus letras, tal como sucede en los ya estrenados singles Atopos y Ovule (“que se parecen mucho a Army of me”, acota).

También hay dos canciones dedicadas a su madre, la activista ambiental Hildur Rúna Hauksdóttir, quien falleció en 2018, a los 72 años: fue la mayor influencia en la vida de la cantante, luego de que a los dos años, y tras el divorcio de su padre, se la llevara a vivir a una comunidad hippie donde descubrió su amor por la música. Sorrowful soil y Ancestress están entre lo más desgarrador escrito alguna vez por la islandesa.

“Mi último álbum, Utopia, fue más sobre el elemento aire, con flautas y sintetizadores, que son finalmente elementos del viento y de las nubes. Ahora quería hacer un gran cambio para este nuevo disco, apegado al sentimiento de aterrizar en la Tierra. El hecho de estar en mi casa por la pandemia me hizo llegar a esa sensibilidad, a una felicidad y una calidez que me llevó, por ejemplo, a trabajar con clarinetes, porque tienen un sonido mucho más cálido”, asegura.

Después sigue: Utopia es más digital y Fossora es más terrenal, tiene sonidos más relacionados con la tierra. Pero todo eso encaja con el mensaje emocional que quieras transmitir: Utopia fue sobre lo ideal, sobre un sueño, sobre cómo te gustaría que fuese tu vida. Yo creo que es muy importante soñar y tener mucha energía mental e intelectual, ya que eso lo conectas con tu vida personal a través de las letras de las canciones, pero también lo vinculas con cosas más universales. Por ejemplo, podríamos decir que el Acuerdo de París es una utopía moderna, pues si lees lo que establece se ve muy distante e imposible, pareciera ser muy difícil de alcanzar, pero de todos modos igual es importante tenerlo como objetivo o meta. En contraparte, Fossora ya no se trata del sueño o la fantasía, sino que sobre el presente, vivir en el lugar que te corresponde y disfrutar el día a día. Pero ambas situaciones tienen derecho a existir, ambos tenemos las dos etapas coexistiendo en nuestras vidas. En unas, siendo más idealistas, y en otras, más funcionales. Y creo que mi nuevo disco es más funcional”.

-¿Por qué diría que este momento de su vida es mucho más “terrenal”?

Porque yo creo que todos atravesamos siempre por dos tipos de procesos. Uno en que estamos enfocados por tres años, o lo que sea, en algo y nos resulta, y otro en que estamos concentrados en ese mismo lapso en una cosa, pero suceden en medio situaciones que no podemos controlar. Ahora pasó con la pandemia, por ejemplo. Y yo me sentí así el último tiempo, con situaciones de mi vida personal que me pasaron, pero que no estaban bajo mi control. Y ahí es cuando tienes que reaccionar. Eso es finalmente parte de estar vivo y es parte de los cambios de la vida. Es importante estar abierto a eso y siempre reaccionar. La vida es eso que planificamos, pero también lo que nos lanza sin aviso.

-Usted vivió la muerte de su madre en 2018, a quien le dedica dos temas en su disco. ¿Cuál es la mayor huella que ella le dejó?

Bueno, es imposible responder esa pregunta… Recuerdo haber leído a un poeta, no recuerdo quién, que decía: “Mi madre nunca está en mi poesía, nunca escribo poemas sobre mi madre, pero ella está en todos”. Yo creo que para todos nosotros, nuestros padres están ahí y es muy difícil poder explicarlo en una sola respuesta en una entrevista. Pero yo intenté dar una respuesta mientras escribía las letras de esas dos canciones, pasé mucho tiempo pensando en cómo iba a compartir esto con el mundo, cómo me sentía sobre ella y la relación que habíamos forjado. Traté de ser muy honesta con eso, con lo negativo también. Se me hizo mucho más fácil expresarme sobre ella a través de la música, porque pasé mucho tiempo eligiendo las palabras precisas para las letras de esas canciones, y siento que ellas dicen mucho sobre nuestra relación.

Yo me sentí así el último tiempo, con situaciones de mi vida personal que me pasaron, pero que no estaban bajo mi control

Björk

-Como otra muestra del carácter más personal del álbum, aparecen su hijo Sindri (36) y su hija Ísadóra (19) haciendo voces. ¿Por qué decidió incluir a su familia en el proceso creativo?

Bueno, estuvimos muy juntos durante la pandemia y hubiera sido extraño no incluirlos en el álbum. Además, ambos ya están más grandes, entonces pensé que si les pedía participar en el disco, ambos ya tendrían la madurez de entender lo bueno y lo malo de eso, pues es muy probable que mucha gente les diga algo y les pregunte sobre su participación en las canciones. Entonces, creo que es importante que cuando le pides a alguien que sea parte de tu mundo, lo hagas de forma responsable, por la manera en cómo les puede afectar. También mi hijo mayor era muy apegado a mi madre, ellos pasaron mucho tiempo juntos, por lo que fue muy natural para él estar en el disco, me dijo que quería hacerlo como una forma de despedirse de ella.

-¿Se considera hoy una persona nostálgica con su vida o con su música?

Sí.

-¿Por qué?

Creo que en mucho de mi música me conecto con la tradición melódica antigua, con coros y arreglos de cuerdas que son sonidos muy comunes en la música de Islandia, por lo que siempre trato de poner mucho de mis raíces en mi música. Pero también me emociona mucho estar en el siglo XXI y poder ser una artista global, eso es muy importante.

“Cuando yo comencé a hacer música, Islandia había sido una colonia de los daneses por 600 años y fuimos muy maltratados, como pasa con las personas que han sido colonizadas. Entonces, cuando nos independizamos en 1944, que fue muy cerca del tiempo en que mis padres nacieron, yo fui parte de las primeras generaciones que fueron criadas por padres independientes. Fui parte de una generación punk en Islandia que hizo mucho por encontrar y definir la identidad del país, como les pasó a muchos músicos brasileños en los 60, cuando se unieron artistas de diferentes colores y etnias. En Islandia en los 80 se celebraba mucho de que ya éramos independientes, ya no éramos una colonia, por tanto nos acercamos a nuestra naturaleza, la transformamos en nuestro elemento principal. Podemos ser globales y tecnológicos, pero sin sacrificar la naturaleza; por eso creo que la relación entre la tecnología y la naturaleza en Islandia siempre ha sido amigable, no aparecen como enemigos, como sí sucede por ejemplo en el Reino Unido o Estados Unidos. Hay que tener siempre presente que si eres músico en Chile o Islandia, es importante tener un pie en las raíces, estar conectado con tu origen y autenticidad, como también con cosas nuevas y con el momento que te toca vivir”.

-¿Para usted sigue siendo muy relevante seguir conectada con música nueva y que ello se note en su obra?

Sí. Siempre estoy escuchando música en mi casa, en mi auto, donde sea que voy. Siempre estoy atenta a la nueva música y viendo qué está pasando. También escucho música más antigua o clásica; por ejemplo, música folclórica de Japón o de Azerbaiyán, porque amo la música de todo el mundo. En mi nuevo disco trabajé con el grupo indonesio de música electrónica Gabber Modus Operandi, porque ambos estábamos muy interesados en la música tecno de África del Este, de Uganda. Si te fijas, mis discos siempre han tenido una innegable variedad: algo de pop, algo de experimental, algo de orquesta, algo de humor, de tristeza y de celebración. Todos mis álbumes tienen una cantidad similar de canciones lentas y de canciones rápidas.

-A propósito de tecnología, usted es una creadora que siempre se ha servido de ella para hacer y difundir su música. Por ejemplo, Biophilia, de 2011, fue concebido en un iPad y fue promocionado como el primer álbum en formato app. ¿Cómo ve la relación actual entre la música y la tecnología?

Yo creo que está ahí. La tecnología es una gran herramienta, pero se trata más bien de lo que tú haces con ella. Y eso revela qué tipo de ser humano eres. Con la tecnología tú puedes sanar, educar, como también puedes destruir, expresar amor u odio. Todo lo que los humanos podemos hacer se puede expresar a través de la tecnología. Por lo que, finalmente, depende de la intención, de cómo la uses.

-Junto con la tecnología, otro de sus tópicos es el medioambiente. ¿Sacó alguna conclusión al respecto después del período de pandemia?

Pensé en que habría sido genial que los gobiernos hubieran reaccionado con el mismo dramatismo que lo hicieron con la pandemia, pero hacia el cuidado del medioambiente. Hubiera sido muy bueno si hubieran comenzado a promulgar leyes para proteger nuestro medioambiente, pues durante la pandemia se entregó mucha esperanza, y se demostró que se puede reaccionar fuertemente sobre algo, no es imposible. De hecho, pasaron muchas cosas milagrosas, como descubrir una vacuna en un año y dársela a millones de personas, lo que es una locura. Entonces da mucha esperanza: si queremos reaccionar a algo de forma rápida, podemos.

Otros temas que han circundado la carrera -y la vida- de Björk en los últimos años son el feminismo global y el sexismo en la industria del espectáculo. De hecho, en 2017 se plegó al poco tiempo al movimiento Me Too cuando denunció a través de su página de Facebook que había sido acosada por “un director de cine danés” y que “humillarse y rebajarse sexualmente era la norma en la industria cinematográfica”.

En el presente, en 2022, uno de los colaboradores de su nuevo trabajo fue acusado de abuso sexual. Se trata de uno de los integrantes de precisamente el dúo indonesio Gabber Modus Operandi, quien terminó reconociendo en un comunicado un incidente de violencia sexual sucedido en 2019, lo que llevó al conjunto a poner en pausa todas sus actividades. La propia cantante decidió editar la voz del artista de su sencillo Atopos y eliminó su participación en el videoclip.

Eso sí, cuando se le pregunta por su modo de observar el feminismo y el movimiento Me Too, aporta un matiz.

-¿Cómo el feminismo actual ha impregnado su forma de ver el mundo?

Creo que (el feminismo) es un trabajo en progreso, que aún está creciendo, que está dando pasos hermosos. Las chicas que nacen hoy, tus hijas, experimentarán un mundo mejor que el de las chicas que nacieron hace 20 años. Eso es hermoso.

“Con el movimiento Me Too, muchas nos comenzamos a cuestionar nuestro comportamiento, lo que es genial. Pero creo que las cosas no son blanco y negro, cada incidente es diferente, ninguno de nosotros es juez y cada uno puede tener su propia opinión sobre cada incidente que afecta a la gente que trabaja con uno o está cerca de uno. Siento que es un movimiento que va en una muy buena dirección, pero que aún falta mucho trabajo por hacer. Cuando comenzó el Me Too, todo era muy blanco o negro. Y ahora es más complicado, hay una zona más gris, porque debemos ver cada incidente de forma individual. Esto no es blanco o negro, es más gris. Esto no es fácil, pero podemos hacerlo juntos: somos siete billones de personas, y hay mucha gente queer, gay, lesbianas, todos los géneros son diferentes, pero siento que vamos en la misma dirección”.

Cuando comenzó el Me Too, todo era muy blanco o negro. Y ahora es más complicado, hay una zona más gris, porque debemos ver cada incidente de forma individual

Björk

Con esa contingencia discursiva, Björk concretará el próximo 13 de noviembre su cuarta visita al país, cuando forme parte de la edición debut del festival Primavera Sound Santiago, franquicia importada desde Barcelona que recalará en el Parque Bicentenario de Cerrillos y que también tiene en su cartel a otros ilustres, como Arctic Monkeys, Lorde y Travis Scott, entre otros (Puntoticket).

La islandesa aterrizará con un espectáculo que, según ella misma adelanta, hermana dos mundos. O, en rigor, los últimos dos montajes con los que ha girado. Por un lado está Björk Orkestral, donde sólo se acompaña de una orquesta de cuerdas -por lo general de origen local-, lo que le otorga cierta fragilidad unplugged a su puesta en escena. Por el otro, aparece Cornucopia, tour que también viene mostrando en el último tiempo, pero de dimensiones mucho más exuberantes, con una banda en vivo, bases electrónicas, tecnología digital, sonido envolvente e imágenes hipnóticas, lo que ella ha bautizado como “teatro digital”.

Chile tuvo una escala del Homogenic Tour de Björk en 1998

“Estoy haciendo ambos en Chile, porque creo que es un buen balance. Con la orquesta de cuerdas interpretaré gran parte de mis canciones, pero es un show donde ellos también son importantes. Además, me gusta mucho trabajar con orquestas locales. Y después tendré Cornucopia, que es un teatro digital que preparé para mi álbum Utopia, aunque también incluiré canciones de Fossora. Son tipos de shows que he disfrutado mucho de hacer. Y ambos se apoyan mutuamente en términos artísticos, musicales y de financiamiento, entonces ambos pueden coexistir. Ambos son parte de mí”.

La cantautora también agrega que hoy sus giras son mucho más espaciadas en el tiempo, hastiada de marchar por el planeta a ritmo agobiante. “Decidí hace 10 años que no quería hacer más tours en donde estaba en 70 ciudades en tres meses, ese tipo de gira de la vieja escuela, el que encuentro que hace mucho daño, no sólo al medioambiente, sino que también a las personas que participan, pues es ir a una ciudad tras otra y tras otra y tras otra. Es divertido por un rato, pero me pasó que prefiero estar un mes completo en un solo lugar y ver cuánto puedo hacer en ese mes”.

Son las señales de una creadora hoy arraigada en el mundo real. Aunque sigue siendo única en su especie.

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