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cambia la playa por ayuda humanitaria

Laura del Mar González y Javier López Rodrigo

Madrid, 4 de agosto (EFE) Esta es la opinión de algunos de los miles de voluntarios que aprovechan sus vacaciones de verano para implicarse en proyectos de ayuda humanitaria.

Según un informe de Acción Solidaria, alrededor de 2,7 millones de personas participan en acciones de voluntariado en España, incluidos 850.000 jóvenes.

En el verano muchos se van al extranjero, desde campos de trabajo hasta hospitales o misiones. Algunas de estas personas comparten con Efe sus experiencias solidarias en un sector que no está exento de críticas y que en ocasiones es tildado de “volunturismo” o “turismo voluntario”.

SALUD CONTRA LA POBREZA

Organizaciones como Médicos del Mundo, con 1.578 trabajadores sanitarios en todo el mundo (1.222 mujeres y 352 hombres) y una edad media de 42 años, están reforzando sus equipos con nuevos voluntarios durante el verano.

Así lo cuenta José Félix Hoyo, expresidente y ahora vicepresidente de esta ONG, que divide su tiempo entre el voluntariado y el trabajo en urgencias de un hospital madrileño.

Como médico voluntario, explica: “No eres parte de la cadena, eres toda la cadena, lo que requiere “tener el gen de la inquietud y la responsabilidad”.

Durante la temporada navideña, él y su equipo van al “campo”, ya sea para trabajar en un hospital de ébola en Sierra Leona o en una clínica en Haití después del terremoto.

A medida que se acerca el final del curso, aumenta la presencia de jóvenes profesionales de la salud, explica esta doctora: “Ojalá el mundo cambiara y no tuviéramos que existir, aunque lamentablemente nuestra presencia es cada vez más necesaria”.

Víctor Quesada, coordinador de Médicos por el Mundo en Venezuela, es muy crítico con el llamado “volunturismo”, que aumenta en los meses calurosos.

“Hay que evitar el complejo del ‘salvador blanco’ donde se busca la experiencia del turista, voluntarios que en vez de ayudar toman trabajos o dejan tareas a medio hacer porque realmente no van a ayudar, hay mucha gente que está en estas tendencias de caída”, puntos.

Ante este “turismo occidental”, Pino García, enfermero del servicio de salvamento extrahospitalario y experto universitario en cooperación internacional, prefiere hablar del “síndrome de Mafalda”, “el enfado por la injusticia social que te hace salir del sofá y sigue haciéndolo haz lo que esté en tu mano para cambiar esa realidad”.

VOLUNTARIOS CON NOMBRE DE MUJER

El informe de 2021 de la Coordinadora de Organizaciones No Gubernamentales para el Desarrollo (ONGD) muestra que cuentan con un total de 18.364 voluntarios (12.970 mujeres y 5.394 hombres), con un aumento sostenido de mujeres en los últimos dos años.

“El perfil de gente con el que más estoy de acuerdo a la hora de hacer voluntariado son las mujeres jóvenes de entre 22 y 26 años”, dice Susi, profesora de hostelería de A Coruña de 52 años. Aprovecha las vacaciones para viajar a Malí, donde trabaja con una pequeña ONG dedicada a ayudar a los niños.

“Me parece que tú tampoco vas a ayudar, vas a hacer un intercambio ya que estás cargada de emociones y lo estás disfrutando mucho”, admite.

Paula, una joven burgalesa de 24 años y educadora infantil que viajó este verano a Tánger para dar clases, comparte esta opinión.

“Obtienes una perspectiva diferente de la vida y puedes ofrecerles una diferente, una forma de apoyarlos, guiarlos y hacerlos sentir amados y escuchados”.

Clara, que lleva seis años como voluntaria en proyectos de apoyo a refugiados en Sevilla, viajó este verano a Atenas para ayudar a los inmigrantes.

“No es tanto el destino como ir a donde más te necesitan”, dice.

LA MISIÓN, OTRA FORMA DE AYUDA HUMANITARIA

Según el informe anual de 2021 de las Obras Misionales Pontificias (OMP), alrededor de 11.000 españoles trabajan en misiones: casi 7.000 están activos en diferentes partes del mundo, mientras que unos 4.000 trabajan desde España.

Carmen Llorente sirvió en su primera misión en Perú en 1989 a la edad de 30 años. Desde entonces ha viajado a Lima durante los meses de julio y agosto para trabajar en diversos proyectos.

“Mi primera experiencia como misionera fue en el barrio de Santa Ana de Lima, una zona muy cutre en ese momento, lo que me impresionó mucho. Ahora es más estable, aunque no comparable al nivel de los países en desarrollo”.

Rolando, un misionero javeriano mexicano que vive en Chad desde hace seis años, admite experiencias que “cambiaron por completo su perspectiva”.

“Hay situaciones que hemos visto mil veces en la tele o en el cine pero verlas en vivo es muy diferente, te cambia la perspectiva y te hace apreciar las facilidades y derechos que tienes en casa, sales de tu burbuja. ,” él dice.

El informe de las OMP muestra que la media de edad de los misioneros españoles en activo ronda los 75 años, pero al igual que ocurre con las ONG laicas, muchos jóvenes se incorporan a ellos en julio y agosto.

Adrián Henríquez y Pilar Baratech, de 23 años, hablan para Efe desde Angola y Tetuán respectivamente.

Aporta su granito de arena junto a las Misioneras Seglares Vicentinas (Misevi) a proyectos relacionados con la salud mental y la alfabetización de la mujer.

Trabaja entre suelo español y marroquí en la atención a inmigrantes que acaban de saltar la valla o que están esperando una oportunidad.

“Tenemos un pasaporte que nos permite cruzar fácilmente la frontera solo porque nacieron en otro país. En cambio, están arriesgando sus vidas”. EFE

lgv-jlr/sb

(Foto)

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