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“El fútbol me dio todo lo que me podía dar”

Jacobo Trigo (Vigo, 1988) se incorpora al consejo de redacción de atlántico y decir hola sonrie Observar, curioso, preguntar una anécdota. Siempre con una serenidad contagiosa. En paz. Así que se sienta y se prepara para comenzar la entrevista. “Todo perfecto”, responde. Luego inicia su discurso, casi al mismo tiempo que finaliza 15 años de fútbol con casi 400 partidos. En el medio Burgos, Zamora, UD Logroñés, Pontevedra y Racing de Ferrol. La areosa, punto de partida. El Coruxo, estación de destino. “Ha sido un gran viaje”, admite mientras la grabadora aún está apagada.

Con esto, Trigo viaja en el tiempo. Revisar. Muchos partidos, estadios, rivales y compañeros. Muchos amigos. “El fútbol te da muchos malos momentos, pero los pocos buenos merecen la pena. Sobre todo por la gente que llevas en la mochila y que estará ahí para siempre”, subraya.

El caso es que el centrocampista vigués sigue dando que hablar como futbolista en activo. Y hace apenas unas semanas colgó las botas. Es tan poco tiempo que todavía están balanceándose. “Cuando mis compañeros empiezan a entrenar y no pueden encontrarse el fin de semana porque tienen partido, entonces me doy cuenta”, admite.

“Lo extrañaré”, dice. Pero no como arrepentimiento. Es un reflejo de serenidad. De alguien que está muy seguro de su decisión. Por eso se adapta, relatando precisamente los recuerdos que lo persiguen desde que partió a Burgos siendo un niño. “Estaba emocionado. Y también un poco asustado”, recuerda. “Pero siempre me echaban ‘p’lante'”, añade, recordando cómo a las pocas semanas ya había encontrado un círculo de amigos.

Luego una parada en Zamora antes de Logroño. “Ese fue un paso muy importante”, enfatiza, mirando la edición. Allí disputó dos etapas de ascenso a segunda. Jugó otro en Pontevedra. “Tuvimos un Murcia muy en forma”, dice. El siguiente objetivo, Ferrol. “Teníamos muchas expectativas, pero el equipo no se adaptó bien a la ausencia. Pasó factura”, dice. Todo esto sale de la areosa. “Eso fue todo. Para mí es la mejor cantera de Vigo”, dice orgulloso.

Y finalmente el Coruxo. Trigo reconoce la diferencia de presión en comparación con sus casas anteriores. Pero también afirma que las garrapatas verdes. “Quien le conoce sabe que es un club muy especial”, asegura.

Con la misma tranquilidad de todas las conversaciones, Jacobo ajusta cuentas con el juego. O mejor dicho, déjalos como están. “Gracias a él me llevo unos valores muy importantes para la vida”, agradece Trigo, que no reclama nada. “El fútbol me dio todo lo que me podía dar. Me voy contento y en paz”, concluye el exfutbolista vigués, mientras sus botas siguen rockeando tras 15 años de pico, pala y pelota en el vestuario de O Vao.

“Ya no lo disfrutas tanto porque corres por todas partes”

La incompatibilidad laboral parece ser el principal motivo de la baja de Jacobo Trigo. “Se ve que no disfruta tanto del fútbol porque corre por todos lados y no se da el descanso que necesita con todas las lesiones que eso conlleva”, admite. El exjugador del Coruxo trabaja en la industria química y ya pensó en colgar las botas el pasado verano. “Me supieron convencer de que era un buen año”, recuerda. El hecho es que esto significaba levantarse muy temprano, detener el día a media mañana para ir a hacer ejercicio y despertarlo más tarde. Un sin parar. “Vi a mitad de temporada que las lesiones eran constantes. Estaba viviendo un sueño, pero era el momento de tomar la decisión”, subraya el canterano de Areosa.

“Es cierto que esto podría continuar algunos años más. Al degradar, incluso podría extender la carrera significativamente. Pero me doy cuenta de que no espero lo que espero”, admite con un toque de melancolía en su océano de serenidad. “No pude darle al equipo lo que quería. En ese momento me doy cuenta de que hay que dejar sitio a los más pequeños”, acepta con solemnidad. Pero también por supuesto.

Sin embargo, los hermanos Montes siguieron confiando en él. Añadió minutos en el centro del campo y remató el curso de central, sustituyendo al sancionado Crespo. Todo ello sabiendo que su viaje tenía un destino final. “Es bueno jugar así”, insiste, en un tono que sugiere cierta sorpresa. “Se nota que se acabó y quieres dejar todo atrás”, reflexiona. “Crees que tienes que vaciarte para estar bien contigo mismo y con este deporte en el que tanto esfuerzo has puesto y por el que has sacrificado tantas cosas”, concluye Jacobo Trigo con la satisfacción de haber cumplido su cometido.

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