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El policlínico donde todos los días llegan al menos dos personas baleadas desde las afueras – información – 09.04.2022

La oscuridad une el panorama piedras blancaspero las luces intermitentes de la puerta de emergencia del Policlínico Dr. Badano Repetto, más conocido como Capitán Tularomper la solemnidad de la noche. Destacan también los rótulos luminosos de dos quioscos al frente, cuyas letras rojas parpadean para indicar que están abiertos, atrayendo a quienes se desvían por la avenida Belloni.

La mayoría de las cortinas de las casas están cerradas, sólo se escucha fuerte el sonido de los tubos de escape de las motos que circulan por el barrio y los perros ladrando la noche del jueves.

Pero cuando se acercó a la puerta Emergencia Desde el centro de salud también se escucha el molesto sonido de un videojuego en manos de un niño que espera con su hermana menor y sus padres. La madre está inclinada hacia adelante, tapándose la cara con las manos, mientras frente a ella, un hombre con un chaleco de neón se pasea, tratando de aliviar los nervios de la larga espera.

Los que no se ven emocionados son las dos enfermeras que fuman afuera de la puerta de la ambulancia. Pero al interrumpirlos y mencionar que parece ser un día tranquilo, aseguran que el peor de los escenarios comenzará en un segundo, cuando se escuchen las sirenas de la policía o los autos familiares lleguen a toda velocidad y derrapen hasta detenerse.

Esta es la señal para que las enfermeras se pongan los guantes de látex y saquen la camilla con agilidad automática.

Al menos un disparo llega a la puerta de urgencias del Capitán Tula todos los días del año, e incluso el promedio es de dos personas por día, según funcionarios.

En esta ocasión fueron tres disparos los que recibió para ser atendido el jueves. Dos de ellos habían recibido disparos en las piernas y el tercero en el brazo.

La armonía de la jornada se rompió cuando surgió un episodio digno de guerra: Familiares desesperados acomodados entre tres o cuatro balazos sin aire.

Otro, que llegó al centro alrededor de la 1 p. m., fue sacado del asiento trasero y llevado por varios otros mientras se agachaba repetidamente para agarrar su pierna. Para evitar que la sangre saliera a borbotones como una fuente, los familiares habían hecho una especie de torniquete de fabricación propia. “No me dejen morir”, suplicó el hombre a las enfermeras.

El personal médico le preguntó qué le había pasado: “Fui al campamento y me sentí herido”, respondió, con el rostro contraído por el dolor. Y los funcionarios no querían hacer más preguntas. Sabían que esa reacción no se acercaba a lo que realmente le habría pasado, porque las palabras “ajuste de cuentas” o “enfrentamiento entre bandas” nunca salen de la boca de los heridos.

“Siempre andan con el mismo cuento”, explica un policía de 23 años que trabaja en la guardia 222 del policlínico. La chica de pelo negro recogido en un moño dice en voz baja que todas las heridas de bala indican que les robaron y no hay testigos ni nadie que denuncie.

Pero las enfermeras y los policías que trabajan en Capitán Tula aseguran que independientemente de por qué importa, “es otra vida la que hay que salvar”. No tienes miedo de trabajar en una zona de la capital donde los tiroteos, asesinatos y persecuciones son moneda corriente. Pero lo que aprieta el corazón del personal médico es recibir a una víctima inocente, especialmente cuando se trata de un niño herido en un tiroteo.

Un policía de 25 años que defiende el policlínico interrumpe la conversación y recuerda que un día después de una riña entre pandillas, siete personas fueron asesinadas a tiros. Se escuchó una lluvia de disparos y poco después llegaron los heridos. Las personas que los trajeron bajaron a los heridos, dieron los datos y se fueron. Pero antes también amenazaron a los funcionarios del centro: “Lo salvan o los mato”.

Policlínico Capitán Tula.  Foto: Juan Manuel Ramos.
Policlínico Capitán Tula. Foto: Juan Manuel Ramos.

El personal médico del Capitán Tula entiende que ayudar a una víctima de un disparo a menudo es el resultado de una confrontación entre seres queridos. Solían entrar a la sala de emergencias, pero ahora hay una gran puerta de metal que bloquea el paso. Incluso la enfermera ve las consultas detrás de un panel de vidrio con una barra.

El caso es que hace unos años un familiar entró en la habitación con un revólver y lo que comenzaron como agresiones verbales luego se convirtieron en amenazas a punta de pistola.

Pero afortunadamente estos episodios ya no ocurren y a las 22:00 la noche en Capitán Tula sigue tranquila.

De repente, las luces rojas y azules de una camioneta de la policía parpadean. Un agente sale de la camioneta y abre la puerta trasera para revelar a una mujer que abraza a su hijo de 12 años. El niño -de mirada salvaje y gesto inexpresivo- sólo aguanta con la ayuda de su madre.

La aparición del vehículo policial hace que los que esperan giren la cabeza como si estuvieran coordinados. El agente, que también estaba en el celular, camina rápido por el centro y entra al centro para hablar con la enfermera: “Trajimos a un niño que vimos desaparecer por el medio de la calle, tiene un corte en la boca y Está saliendo sangre.” Y luego dicta el DNI del menor.

Ella le dice que espere porque están llenos y los policías salen de la tienda indignados y sacudiendo la cabeza.

Al mismo tiempo, un perro atraviesa la puerta de emergencia, levanta la cabeza como si buscara a su propio pariente y vuelve a salir. Junto con el animal salen dos jóvenes cargando a otro animal de aspecto mayor con la cabeza vendada y una malla cubriéndola.

Las vendas blancas se tiñen de rojo y el hombre drogado camina tambaleante, guiado por las advertencias de quienes lo sujetan. Sus ojos se han ido y uno de sus ojos está hinchado y lleno de pus. Lo meten en un carro con vidrios opacos estacionado al frente y se van sin decir palabra.

El hombre del chaleco amarillo observa la escena y luego ingresa al centro para preguntarle a la enfermera cuándo saldrá su hijo. El adolescente regresaba de la casa de su novia cuando tres hombres lo golpearon para robarle la mochila y al caer al suelo también lo patearon en la cabeza.

“Gracias a Dios no lo apuñalaron ni le dispararon”, dice, “porque nunca sabes lo que te puede pasar en estos barrios, cuando te toca, te toca a ti. Solía ​​haber más respeto, pero ahora están tan hartos de las drogas que te disparan”.

Los 31 homicidios de agosto ‘no cierran’

Según enfermeras del Policlínico Capitán Tula, la cifra de 31 homicidios es la del Ministro del Interior Luis Alberto HeberDijo que en el mes de agosto hubo “no cerrarlos” si se tienen en cuenta los disparos que llegan al centro de salud.

En los últimos días se han registrado tres casos fatales de personas que ingresaron al policlínico para ser atendidas. La policía los traslada allí porque están obligados por ley a ser trasladados al centro de salud más cercano y, tras evaluar la gravedad, se decide si los llevarán a un hospital en ambulancia o si los pueden socorrer en el acto.

El pasado viernes, un hombre de 52 años murió tras recibir un disparo en la nuca en el barrio de Borro. Montevideo.

La policía recibió la denuncia al servicio de emergencias 911 alrededor de las 10:40 horas para llamar la atención sobre el hecho de que un hombre había resultado herido con arma de fuego tras una discusión con otros dos hombres en las calles Isidoro Más de Ayala y Justo Montes.

Al llegar el celular al lugar, trasladaron a la víctima, quien no tenía antecedentes penales, al policlínico y alrededor de las 11:30 horas se confirmó su muerte.

Otro caso ocurrió la noche del pasado martes cuando dos jóvenes, de 17 y 18 años, fueron acribillados con más de 30 disparos en Piedras Blancas.

Según el Ministerio del Interior, pasadas las 23:00 horas, los vecinos reportaron que se escucharon disparos en las calles el 5 de julio y el 1 de agosto. Los policías que acudieron al lugar del crimen encontraron a un joven de 18 años sin signos de vida y con múltiples impactos de bala en la cabeza y el tórax. Junto a él hay una motocicleta y decenas de casquillos de nueve milímetros.

Otro joven de 17 años ingresó a Capitán Tula en estado grave con al menos 20 disparos. Fue estabilizado y trasladado al casmuaunque alrededor de las 4:30 a.m. se confirmó su muerte.

Ante la grave situación de la región, Interior inició un operativo de saturación en la jurisdicción de la Sección 18, con foco en Piedras Blancas.

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