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Juan Villoro: ‘Luis Díaz se ajusta al torbellino ofensivo del Liverpool’ – Cultura

En esta entrevista, el escritor mexicano habló exclusivamente de la pelota. Los temas: el mundo sin Maradona, el FIFA Gate, la idea de hacer un Mundial cada dos años, los jeques comprando equipos, el VAR, México y su obsesión por llegar al “quinto partido”, Guardiola, Colombia, la épica y, por supuesto, la recuperación de la infancia por cuenta del balón.

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Juan Villoro en BOCAS

La edición 117 de la Revista BOCAS estará en circulación a partir del domingo 29 de mayo de 2022.

Quiero ofrecer disculpas a los seguidores del escritor Juan Villoro (Ciudad de México, 1956) por enfocar esta entrevista –intencional y exclusivamente– en el tema de la pelota y olvidar así esa otra parte de su obra, que es prolija y estupenda.

Villoro, ganador del Premio Herralde en el 2004 por su novela El testigo, es una pluma ilustrada que ha bebido de diferentes fuentes: rock, cine, arte, fútbol, historia. Sus novelas El disparo de argón (1991), Materia dispuesta (1997), Llamadas de Ámsterdam (2007), El libro salvaje (2008), Arrecife (2012), El Apocalipsis (todo incluido) (2014); sus libros de cuentos La noche navegable (1980), Albercas (1985), La alcoba dormida (1992), La casa pierde (1999) –premio Xavier Villaurrutia– y Los culpables (2007) –premio de narrativa Antonin Artaud–; sus guiones para el programa radial El lado oscuro de la luna (entre 1977 y 1981) y su obra de teatro La guerra fría y otras batallas (2018) son piezas fundamentales de la cultura contemporánea mexicana y latinoamericana.

Además, por otra parte, y por fortuna, Villoro ha sido uno de los grandes cronistas y pensadores del fútbol en lengua castellana. Sus libros Los once de la tribu (1995), Dios es redondo (2006) –premio Internacional de Periodismo Vázquez Montalbán–, La cancha de los deseos (2010), Ida y vuelta: una correspondencia sobre fútbol (2012) –coescrito con Martín Caparrós– y Balón dividido (2014) son biblias para los hinchas que patean en español.

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Por eso, en estos momentos en los que la pelota se ha manchado de tantas maneras –mientras que la pasión crece y crece–, consideré apropiado dedicar este espacio con Villoro al fútbol, todo para que el autor de estas frases legendarias pueda seguir anotando goles: “No es por presumir, pero me llevo bien con la derrota”; “El hincha puede pertenecer al género de los ardientes, los melancólicos, los cardiacos o los nostálgicos, pero ante todo, y en forma sorprendente, es alguien que se resigna”; “Un estadio es un buen sitio para tener un padre”; “En sus peores momentos, el hincha es un idiota con la boca abierta ante un sándwich y la cabeza llena de datos inservibles”; “El área chica es una zona erógena”; “Los fanáticos seguimos discutiendo cuando ya no tenemos interlocutores”; “Brasil siempre es un caso aparte”; “Holanda solo ganará el mundial cuando sea menos feliz”; “Colombia ha aportado lo suyo a la psicología de la derrota”, entre otras mil.

Espero más adelante recomponer. Hoy vamos con los botines bien puestos.

Juan Villoro

Villoro nació en la Ciudad de México. Tiene 65 años.

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El adiós de Maradona, el FIFA Gate, los jeques comprando equipos, Infantino con la idea de hacer un Mundial cada dos años, el VAR. Con tanta noticia chueca y triste en torno a la pelota, ¿aún se puede creer en el fútbol?
Desde luego que sí. Creo que la muerte de Maradona unió al planeta del fútbol de una manera sentimental, muy especial. Él ejerció varias conductas públicas y una de ellas fue el llanto descarado, fue alguien a quien no le dio vergüenza confesar sus debilidades, decir que la había cagado. Nosotros, que nunca podíamos imitarlo en la cancha, al menos podíamos imitarlo en ese sentimentalismo. Incluso personas de palabra como Jorge Valdano, que siempre tiene una explicación para todo, cuando le pidieron en la televisión que comentara lo que para él significaba la muerte de Diego rompió a llorar. Son ya famosas las fotos de hinchas del Boca Junior abrazados a hinchas del River, unidos transitoriamente por el sentimiento. Eso habla de una aceptación de la debilidad masculina, que me parece bastante provechosa. Las otras cosas que mencionas tienen que ver con la corrupción y la especulación que derivan, justamente, de un deporte que suscita tantas emociones y que se convierte en algo rentable, capitalizable y manipulable.

Usted escribió una de las frases que más me gustan sobre el Diego: “Maradona jamás estará bajo sospecha de ser congruente”. ¿En qué quedó el mito de Maradona?
Hay que separar al genio del fútbol de la persona en que se sustentó. Maradona, como ser humano, tiene muchas cosas reprobables. Su preparador físico dijo: “Con Diego yo iría hasta el fin del mundo, con Maradona ni a la esquina”. Es decir, ese personaje que despertó tantas emociones se alió a la camorra napolitana, tuvo conductas machistas y abusivas con las mujeres, hizo derroches de dinero absurdos, pretendió ser radical en política sin tener una conducta realmente consecuente, ese es muy cuestionable. Pero no admiramos a Maradona por eso, lo admiramos por lo que hizo en el campo, porque fue un jugador único, no solamente por la manera de jugar, sino por el comportamiento futbolístico que transformó a todos los jugadores que alguna vez jugaron con él. Además de ejercer la magia individual, volvió mejores a los otros. Su liderazgo fue un estímulo nunca antes visto en el fútbol. Ahí está la verdadera grandeza de Maradona y una de las claves está en el porqué conectó con la hinchada como no lo había hecho nunca ningún jugador en el mundo. Ni Pelé, ni Di Stéfano, ni Cruyff, ni el propio Messi han llegado a esta adhesión sentimental.

Continuemos la lista. No deja de ser curioso que el escándalo del FIFA Gate llevó a la cárcel a muchos dirigentes suramericanos. Pero ¿qué pasó con los europeos, que son los que tienen el gran negocio o los asiáticos que inyectan buen capital o los africanos que han aportado una importante dosis de corrupción?
Hay varios temas qué analizar ahí. Primero, ¿por qué el FBI condujo esta investigación? El fútbol nunca ha sido una prioridad para los Estados Unidos, pero varios observadores, en cuanto vimos que se metían de esa manera a analizar lo que pasaba en la FIFA, dijimos: ‘Estados Unidos le va a sacar rédito a esto’. Y no es casual que ahora sean sede de un Mundial en donde supuestamente también participan México y Canadá, aunque como comparsas, porque la mayoría de los partidos se van a efectuar en los Estados Unidos. Entonces ellos detectan la corrupción y hacen un magnífico negocio al respecto. La FIFA, desde su estructura, es un organismo corrupto porque se presenta como organización no lucrativa y se dedica a hacer los negocios multimillonarios que todos conocemos, favorece a empresas con las que tiene tratos, como, por ejemplo, algunas cerveceras tipo Budweiser, lo cual va en contra del espíritu del deporte. La FIFA ha hecho todo tipo de pactos y el hecho de que el próximo Mundial se celebre en Catar, uno de los países más autoritarios y abusivos de la Tierra, tiene que ver con la prioridad que la FIFA les ha dado a los negocios.

Juan Villoro

Algunos de los premios que ha recibido en su trayectoria son el Premio Herralde (2004); Premio José Donoso (2012); Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas (2018)

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Los jeques decidieron ir por el fútbol y compraron equipos que inflaron con sus chequeras, el Manchester City, el PSG, el Newcastle, recientemente… ¿Qué opinión le merece todo este fenómeno?
Los jeques o los millonarios rusos o quien quiera que entre exclusivamente por interés económico al fútbol, y sobre todo por afán de derroche, es algo complejo, porque los jeques han decidido, si es necesario, perder mucho dinero a costa de tener equipos que les satisfagan, y esto ha ocurrido con la complicidad de las federaciones, que no han puesto topes económicos para la inflación del fútbol. Hay equipos como el PSG en Francia que aparentemente son una selección en el resto del mundo, pero en un alarde de justicia poética no han ganado la Champions.

El escritor Javier Marías dijo que el aficionado recuerda su vida por los cortes que cada cuatro años presentan los mundiales, sin embargo, Gianni Infantino, actual presidente de la FIFA, sigue empeñado en celebrar los mundiales de fútbol cada dos años. ¿Qué pasaría si esa idea se concreta?
Yo creo que se perdería la ética. Es muy importante establecer plazos. Como bien dice Javier Marías, todos recordamos nuestra vida a partir de esos cortes de cuatro años que representan los mundiales. Recordamos quién era nuestra novia, en qué momento nos casamos, cuándo nos divorciamos, cuándo nacieron nuestros hijos, en fin, todo esto va acompañado de esos procesos de gestación de los equipos. Volver más frecuente eso es innecesario y degrada la pasión, porque hay cosas que valen la pena por escasas. La gloria no puede ser frecuente. Se requiere de cierta dificultad para que las cosas valgan la pena.

Por no hablar del aumento del número de los participantes…
Eso extiende demasiado la competencia, los equipos llegan demasiado cansados a la fase final y arruina las posibilidades de un buen espectáculo. Pero estamos en un mundo donde el capitalismo tiende a la acumulación, a la expansión y a incentivar lo que ya existe. Necesitamos una saludable dosis de ética para que esto no suceda.

Dice el comentarista colombiano Nicolás Samper que el VAR solo logró eso que el cine intentó hacer cuando quiso recrear el fútbol en la pantalla grande, o sea, quitarle espontaneidad. Después de sus primeros años de aplicación, ¿cómo ve usted el VAR?
Una de las cosas más extraordinarias del fútbol es que se trata de la actividad humana en la que el juez se equivoca. El error es parte consustancial del fútbol. En ocasiones el árbitro nos beneficia o nos perjudica, es una persona esforzada que debe correr detrás del balón; la FIFA aconseja que esté por lo menos a dos metros de la pelota, pero eso no siempre es posible y tiene que soplar justicia en una milésima de segundo, con la vista nublada por el sudor. En estas condiciones extremas es fácil que se equivoque; sigue sus corazonadas y eso forma parte del fútbol. Hay un encanto agregado en que te salve la justicia o la injusticia arbitral. Todos hemos querido matar a un árbitro cuando se equivoca en contra de los nuestros, pero forma parte de la grandeza del fútbol que tenga esta capacidad de falibilidad. El VAR pretendió darle objetividad al fútbol y creo que lo que ha logrado es darle aún más poder a la televisión.

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¿El fútbol se jodió?
El fútbol no se ha jodido; hay grandísimos partidos, basta ver un partido de la Premier League, más allá de las especulaciones monetarias que hay. Un reciente Liverpool vs. Manchester City, que terminó 2 a 2, es un museo de buen fútbol. Si alguien nunca ha visto un partido y ve ese partido, es la oportunidad de aficionarse para siempre del juego. Creo que el fútbol organizado en ligas comerciales hace todo lo posible por destruirse, pero tiene anticuerpos contra su propia destrucción.

Usted dijo alguna vez: “Elegir un equipo es una forma de elegir cómo transcurren los domingos”, pero eso ya es anacrónico. Ahora nuestros equipos pueden jugar un lunes, un martes, un jueves. ¿Extraña la gran cita del domingo?
El fútbol se ha vuelto demasiado frecuente, hay que decirlo; ahora, con la televisión satelital, podemos ver ligas de todo el mundo y ya no posponemos para el domingo, que también era el día de la misa y los toros, los grandes partidos. Sin embargo, a mí no me importa mucho en qué día caen los partidos siempre y cuando sean de interés. El problema es seguir viendo el fútbol de tu país. Se necesita bastante autoengaño para eso.

Otras comillas suyas: “El fútbol es algo que no sucede o sucede a medias o sucede mal, pero insinúa en todo momento que puede componerse”. ¿Su fútbol, su equipo, su selección se han compuesto?
Apoyar a la selección mexicana es una lección de escepticismo o de estoicismo. Tienes que tener mucha tolerancia ante la frustración, porque nosotros tenemos una circunstancia geográfica que es muy engañosa: nos favorece medirnos con Trinidad y Tobago, Jamaica, Canadá, Estados Unidos, y eso nos ha permitido ir a muchos mundiales, pero al mismo tiempo, ganando a veces a duras penas en la Concacaf, no tenemos un roce lo suficientemente fuerte con selecciones de más nivel que nos ubiquen en nuestro sitio. Entonces, nuestra esperanza es totalmente neumática, se infla en la eliminatoria, vamos al Mundial y una vez ahí volvemos a nuestra triste realidad. La obsesión mexicana es llegar al quinto partido; no lo hemos podido hacer y es una frustración continua. Los mexicanos solemos creer en milagros para resolver las cosas. Habría muchas maneras de mejorar el fútbol mexicano en lo deportivo, reorganizando una liga especulativa y corrupta, pero preferimos enconmendarnos a la Virgen de Guadalupe.

Valdano dijo en Apuntes del balón que eso de que “lo que importa es el resultado” es una manera “muy bastarda de ver el fútbol”. Pero hoy paree ser que es lo único que importa.
El resultado es decisivo y resulta injusto decir que el fútbol se juega por amor al arte. Creo que la diferencia está en cómo obtener el resultado. Puedes tratar de conseguirlo a toda costa, como Mourinho, que no vacilaba en amedrentar sicológicamente a los rivales, en picarle el ojo a un entrenador de un equipo contrario, en mentir o calumniar a directivos y árbitros con tal de salirse con la suya, o puedes convertir la belleza en una forma de la eficacia como hizo Brasil en 1970. El triunfo es la meta del fútbol, es la obligación de todo jugador; no sales a la cancha para fallar un gol elegantemente, sales para ganar. El desafío es cómo ganas o cómo tratas de ganar, ahí es donde está un postulado interesante. Tú escribiste todo un libro sobre el 5-0 entre Colombia y Argentina, en el estadio Monumental de River, y ese partido fue no solamente una lección de eficacia deportiva, sino, como tú lo has señalado, una lección de estética. Fue un partido bellísimo y el público aplaudió de pie a los colombianos después de haber sido victimado por ellos.

Ese partido, en el primer tiempo, estaba para cualquiera. Es curioso cómo recordamos cada encuentro histórico. Luego repasamos el video y en realidad parece otra cosa a lo evocado. ¿La memoria en asuntos de fútbol es muy tramposa, cierto?
Eso que a mí me pareció tan épico a lo mejor no lo era tanto, pero es lo que me cautivó. Somos rehenes de los héroes que creamos en la infancia. Y sí, la memoria es muy tramposa, entre otras cosas porque en el fútbol básicamente no sucede nada y ese es uno de los secretos del juego: el fútbol consiste en lo fundamental de la anticipación de lo que no necesariamente ocurre. En un gran partido que termina 4 a 3, con volteretas en el marcador, los goles pueden ocupar 7 u 8 minutos, como máximo, de los 90 que se jugaron. Entonces dices: “¿Y qué pasó el resto del tiempo?”. En tu memoria decantas esos grandes momentos épicos. Se habla mucho del “Partido del siglo” entre Alemania e Italia en el Mundial del 70. Si tú ves ese partido te encuentras con que los tiempos extra son increíbles, pero los primeros 90 minutos difícilmente califican como “Partido del siglo”.

Juan Villoro

Villoro estudió Sociología en la Universidad Autónoma Metropolitana.

¿Cómo explicar el declive de esta Colombia que en el 2014 alcanzó cuartos de final en la Copa del Mundo, tuvo al goleador del torneo, anotó el gol más lindo del Mundial, que en el 2018 alcanzó los octavos y ahora, con buen material humano, no va a ir a Catar?
Es una generación dorada que evidentemente ya está en su última fase futbolística, a la que le ha pasado lo mismo que a la generación dorada chilena. Esto habla de un fenómeno cultural: la dificultad del futbolista latinoamericano de mantenerse en la cima una vez que la ha obtenido. Creo que el futbolista latinoamericano es alguien que fácilmente tiene hambre de triunfo, de reconocimiento, de dinero, de éxito, y esta hambre lo impulsa y le da una sed de éxitos, se trata de un combustible maravilloso que lo lleva a la cima, pero una vez que la alcanza se puede conformar muy fácilmente y parece que ya no tiene la misma expectativa, no siente la responsabilidad de seguirle cumpliendo a su gente.

¿Qué opinión le merece la aparición de Luis Díaz en Liverpool?
Es un atacante incisivo, veloz, que desequilibra el partido y se ajusta al torbellino ofensivo del Liverpool. Al verlo jugar, uno se pregunta ¿por qué un país que produce jugadores de ese nivel no va al mundial? Estamos ante un asunto deportivo, pero también cultural.

¿Cuál ha sido el mejor Mundial de la historia?
Los dos de México, el del 70 y del 86. Uno fue el gran Mundial de Pelé y el otro el gran Mundial de Maradona. Me sesga el ser mexicano, pero creo que han sido dos mundiales excepcionales.

¿Cuándo fue la última vez que usted lloró por el fútbol y por qué?
Por la muerte de Maradona, que era una manera de llorar por el fútbol y por todo lo que representa Diego. Curiosamente no lloré en el momento al conocer la noticia, sino al escribir mi texto, es decir, me autoemocioné con el texto.

Usted ‘cometió’ una herejía bellísima para la literatura futbolística: hizo un artículo sobre la muerte de Maradona cuando no se había muerto.
Eso fue culpa del periodista colombiano Daniel Samper, quien iba a hacer una colección de obituarios anticipados y, naturalmente, Diego era un candidato permanente al obituario. Entonces me sentí un poco como el protagonista de Sostiene Pereira, la novela de Tabucchi, que tiene que escribir obituarios de gente que no ha muerto, para tenerlos listos en caso necesario. Anticipé la posible muerte de Diego, pero, evidentemente, el obituario real fue mucho más doloroso para mí.

¿Cuál fue el mejor equipo que usted vio y cuál fue el mejor equipo que no vio?
Sin duda alguna, el mejor equipo que yo vi es el Barcelona de Guardiola, sobre todo en la primera temporada, cuando gana Copa, Liga y Champions; no he visto algo similar, sobre todo con esa regularidad, con esa constancia. Me hubiera gustado ver al Madrid de Di Stéfano y al Santos de Pelé.

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Soy de los que creen que Pelé es el rey, que Messi es el mejor y que Maradona es el más grande. ¿Cómo organiza usted esas ideas?
Lo mejor es no compararlos. Si sumamos la cantidad de jugadas extraordinarias, no solo goles, sino todas las maravillas que ha hecho con el balón, Messi es sin duda alguna el gran acróbata del fútbol. Ahora, si vemos el largo arco de una vida dedicada con excelencia al fútbol, lo que significó para una selección y para su país, pues nadie ha igualado a Pelé; no se levantan tres copas del mundo así como así, aunque no haya sido el protagonista absoluto de todas ellas. Pero el gran héroe emocional del fútbol, con todas sus contradicciones, es Diego Armando Maradona. Es incomparable desde el punto de vista humano. Es decir, si vas a escribir una ópera tienes que escoger a Maradona.

Quitemos a Messi y a Cristiano Ronaldo de la lista, que hace rato están en el Olimpo. ¿Cuál es el jugador de nuestros tiempos que lo enloquece y por qué De Bruyne?
¡Ja! De Bruyne, sin duda alguna. Creo que una de las cosas más importantes del fútbol es el pase, y los grandes pases se dan a un sitio donde no hay nadie, pero donde puede haber alguien. Ese es otro de los grandes misterios del fútbol, tú no le das el pase al jugador, sino al sitio donde puede estar. Ese es el gran talento de De Bruyne. La capacidad que tiene de entender el campo como una variante de la trigonometría y de establecer diagonales, de un sitio a otro, es más que formidable. Es, realmente, un jugador único.

Yo estaba haciendo un chiste guiado. ¿Lo dejamos en De Bruyne?
Bueno, Mohamed Salah es un delantero de una velocidad y de una capacidad de modificar decisiones sobre la marcha que pocas veces he visto. Es un jugador que entra por la izquierda y parece que tiene la jugada definida de una manera y cambia totalmente de perfil, de ritmo, y hace una jugada diferente sin perder el balón. O sea, reinventa la jugada. Es un jugador absolutamente extraordinario.

¿Es Guardiola el gran DT del siglo XXI?
Por supuesto. Es la belleza convertida en eficacia. El propio Messi le debe mucho en su desarrollo. Creo que Guardiola ha sido un gran descubridor de jugadores: tú y yo podríamos descubrir a un jugador como Messi o a un goleador como Luis Suárez, su talento es demasiado evidente para no ser advertido, pero ¿seríamos capaces de ir a un partido de prueba y descubrir a Busquets? A jugadores así los tiene que encontrar un gran talento del fútbol, y eso es Guardiola. Por otro lado, pudo hacer que Philipp Lahm, uno de los mejores carrileros del fútbol alemán, se convirtiera en un mediocampista impresionante, ya tardíamente en su carrera. Es un triunfo de Guardiola descubrir virtudes en jugadores que aparentemente no las tenían del todo. Piqué había fracasado en Inglaterra, regresó a Barcelona como un jugador muy cuestionado, parecía un poco torpe, y se convirtió en una figura de referencia. En el Barcelona subió a más de veinte jugadores de la cantera al primer equipo. Esa pedagogía no ha sido igualada. Otra cosa muy sorprendente es tener un equipo goleador como el Manchester City y jugar sin centro delantero después de la salida del Kun Agüero. Es algo que no habíamos visto, es casi inexplicable. Crear un dispositivo donde cualquiera puede llegar al lugar donde se supone que siempre hay alguien es maravilloso.

¿Guardiola es más que Jürgen Klopp?
La respuesta no es mía, sino del propio Guardiola: “La razón por la que sigo en este oficio es Jürgen Klopp”. Nadie te estimula más como un rival que respetes.

Juan Villoro

Villoro ha sido profesor en la Universidad Autónoma de Madrid, en Yale, Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y Princeton.

El brasileño Nelson Rodrigues escribió una frase bellísima: “La muerte no exime a nadie de sus deberes con el club”. ¿Siente usted lo mismo?, ¿siente que los que alguna vez gritaron en la tribuna siempre estarán ahí?
Desde luego. Uno de los grandes enigmas del fútbol es: ¿por qué un equipo pierde siempre en determinada cancha? Los jugadores que se enfrentaron a ese equipo en otra época ya no juegan, el público ha cambiado y, sin embargo, algo quedó impregnado en ese sitio: la maldición de un equipo. Esto nos lleva a pensar que todos los que alguna vez estuvieron ahí, de alguna manera, se vuelven presentes. Es otra magia del fútbol.

Conversar con los amigos de fútbol es una delicia. Sin embargo, hace unos buenos años usted lanzó una pregunta: “¿Cuánto tiempo se puede hablar de fútbol sin sucumbir a la imbecilidad?”. ¿Ya encontró la respuesta?
Solemos criticar mucho a los comentaristas de la televisión que, en efecto, no siempre son brillantes. Están obligados a llenar el partido de palabras, se les acaban a unos más pronto, a otros más tarde. De pronto dices: “Este tipo ya está diciendo puras tonterías o está repitiendo récords que a nadie le importan”. Puestos a narrar un partido, o a comentarlo continuamente, seguramente diremos tonterías. Todo tiene una cuota. Veamos a las personas más ingeniosas del mundo, que escribieron cosas maravillosas, como Oscar Wilde o Voltaire; si ponemos sus frases en tuits, pues cada uno escribió 200 tuits que son frases célebres extraordinarias. ¡Pero son 200 tuits y nada más! Si ellos fueran tuiteros actualmente y llegaran a 15.000 tuits estarían diciendo tonterías, a pesar de ser Voltaire y Wilde.

Hay una condición del fútbol que a mí me aterra. Hay momentos en los que me descubro viendo, por decir, Deportivo Pasto contra Jaguares, que son dos equipos de media tabla para abajo en Colombia, y me pregunto: ¿por qué carajos estoy viendo este partido?, ¿quién soy?, ¿en qué me convertí?
En lo personal, he tenido que luchar contra mi multiadicción a los deportes, porque en mi juventud seguía el fútbol americano, el tenis, el basquetbol, las olimpiadas, prácticamente todos los deportes. Estaba embebido en eso, pero era una época en la que no había televisión satelital y mi ración de deportes estaba limitada. Hoy en día, me tengo que autolimitar; si no, me convertiría en una persona impresentable y difícil de vivir con ella. Me concentro en el fútbol y en ciertos partidos, pero a veces veo juegos horrendos o, pero aún, repeticiones de juegos horrendos. Todos tenemos que luchar contra nosotros mismos para seguir siendo personas viables, más allá del fútbol.

¿Qué es lo que más nos emociona del fútbol de hoy?
El sentido de pertenencia a un club. Es lo que más me emociona, muy a pesar de la comercialización. Cuando nuestro equipo anota es como si lo hiciéramos nosotros. Escribí un texto que se llama Los once de la tribu porque, justamente, en los grandes días los jugadores nos representan dentro de la cancha; en ese momento estamos ante algo que es más que un deporte, la representación de lo que somos nosotros, nuestra escuela, nuestro sindicato, nuestra ciudad, nuestro país, y eso nos hace sentir que nosotros anotamos. Ese sentido de la pertenencia provoca una alegría especial y hace que nos abracemos en las tribunas con desconocidos, un gesto muy típico del fútbol. En ese momento, cualquiera que festeje el gol es nuestro hermano.

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Y, ¿qué es lo que más le molesta del fútbol de nuestros días?
La tiranía del dinero. Cuando el presidente del Barça hizo una campaña contra los jugadores, Messi se quiso ir del club, pero su contrato se lo impidió. Al año siguiente, cuando su contrato se venció, las cosas cambiaron en el equipo y se quiso quedar, pero no pudo, por los topes salariales, y se tuvo que ir al PSG. En dos ocasiones seguidas, el mejor jugador del mundo no pudo decidir su destino. Si eso le pasa a él, imaginemos los abusos que sufren los demás.

¿Cuál fue el último gran acto épico que nos ha brindado el fútbol?
El triunfo del Once Caldas en la Copa Libertadores, una hombrada incomparable; nadie pensó que esto pudiera ser posible.

Usted escribió que “vemos partidos y escribimos de fútbol para recuperar la infancia, no la que en verdad vivimos, sino la que nos asignamos a nosotros mismos”. ¿Cuál fue esa infancia que usted se asignó?
Me asigné la infancia del que es un hincha del Necaxa, equipo bastante perdedor y accidentado en México, y del Barcelona, porque mi papá nació ahí. El primer regalo que recibí fue un llavero del Fútbol Club Barcelona, entonces seguir a esos equipos y a la selección mexicana es una forma de mantener vivo al niño que fui. A mí me gusta mucho la dedicatoria de El Principito: “Todos los adultos han sido niños, pero muchos lo han olvidado”. El fútbol es una oportunidad de recordar eso y yo lo recuerdo cada vez que juega el Necaxa o el Barça o la selección nacional. Puedes cambiar de todo, pero no puedes negar tu infancia.

Y es precisamente por lo cual debemos seguir creyendo en el fútbol.
¡Sí! Creo en la posibilidad de imaginar que el mundo puede cambiar gracias a un partido. Lo mismo sucede con un poema o una canción que admiramos. Necesitamos de estas compensaciones para sobrevivir al peso de la realidad. Todas las formas del arte tienen que ver con una recuperación de la infancia. Por eso Charles Baudelaire decía: “Tenemos de genios lo que conservamos de niños”.

Portada BOCAS 117

La escritora argentina Camila Sosa Villada es la portada de la edición 117 de BOCAS

Camila Sosa Villada en BOCAS

La escritora argentina Camila Sosa Villada es la portada de la edición 117 de BOCAS

Gracias por leernos.

Esta entrevista fue realizada por Mauricio Silva Guzman, editor de la Revista BOCAS.
Fotos: Daniel Mordzinzki
Edición 117 Mayo-Junio
Revista BOCAS
@revistabocas

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