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Juanma Balibrea, Señor de Garruchal

En el bello enclave del Puerto de Garruchal, Juan Mariano Balibrea Piqueras, gran pintor e inolvidable maestro y profesor de arte, tiene su casa de campo y taller. Me saluda con su inseparable Marisa y me muestran los últimos arreglos de la casa de colores. Entablamos conversación a la sombra del porche mientras su nieta, que también quiere ser pintora, se da un chapuzón en la piscina. Las cigarras en los pinos siguen cantando y Juanma me cuenta su vida y su trayectoria artística, intercaladas con innumerables referencias a Pollock, Rothko, Mondrian, Van Gogh… Hago la foto en el taller, que es una explosión de Colores es, en el suelo.

Su padre Mariano hacía de todo, “pero tenía un taller para hacer muñecas de porcelana y también me enseñó a dibujar cosas que me formaban y me contagiaban. Luego mi madre me llevó a unos talleres de dibujo y pintura ya los 13 años me compraron mis primeros óleos y lienzos», y añade: «Pero como mis preocupaciones no acababan nunca, me dediqué al teatro, a la poesía. . Con los años quise ser arquitecto y me fui a Valencia y también hice cursos de dibujo para prepararme para las bellas artes. Anteriormente había estudiado en Córdoba, con los dominicos, quienes me orientaron en la lectura y en el compromiso social y político. Así que me sonrojé y en Valencia estaba siempre en la calle, en todas las batas, manifestaciones y huelgas… Lógicamente, perdí la beca y tuve que volver a Murcia y estudiar para ser maestra, pero seguí pintando».

Su primera exposición la realizó en Yechar en el Teleclub, luego en otras ciudades de la región. Todavía conserva un extracto del diario “Línea” de 1973, en el que habla de su exposición en la Casa de Cultura de Mula. A partir de entonces se sucedieron sus exposiciones y conferencias: «Me llamaron porque les interesaba mi apuesta por abrir nuevos caminos, caminos poco transitados, siempre he sido bastante transgresor y en estos tiempos de apertura había unas ganas a la Renovación en el arte, el espíritu y la educación. Creo que me influyó mucho mi estancia en Valencia, donde contacté con el equipo de Crónica al que entrevisté para la revista que dirijo». Y me cuenta que hizo Murcianos de Dinamita en 1976, que también lo llevó a todas las ciudades: «Pinté una región fuera de temas, muy de moda y muy crítica. Eran los tiempos en que yo pintaba, por ejemplo, a un viejo campesino con un andar en la boca, denunciando la falta de libertad”, y me dijo que le gustaba la obra de Genovés y que la exponía en Madrid en la ocasión. de la Fiesta Mayor del PCE 1977.

Juanma admite que tuvo varios períodos de inactividad en su vida como pintor, pero los utilizó para hacer otras cosas, como escribir cuentos y poesía. Pero desde entonces sus exposiciones han cobrado importancia tanto dentro como fuera de nuestra región. Me habla de todo esto, de sus talleres en el instituto, de su gira de 20 años por España enseñando pedagogía del arte a profesores, de su amor por los maestros del arte abstracto, de su apuesta por “Murcia No Se Vende”, de su Preocupación por el medio ambiente o contra la violencia de género, de sus cientos de cuadros en El Puntarrón, a diferentes horas del día en todas las estaciones, que no puede pintar sin música, que quiere seguir pintando el mar, que muchas veces voltea los cuadros y los castiga por un mes sin verla, para verla con nuevos ojos…

Juanma me confiesa que su mayor orgullo es ayudar a la gente con el arte, como este estudiante lidiando con las drogas y la mala vida, que ahora es profesor de arte… Era un luchador y confiesa que a veces se le han ido demasiado Ahora se preocupa por el progreso del mundo: “No tiro la toalla, pero hay un gran revés, las guerras continúan y ya estamos atrasados ​​con el cambio climático”. Tiene algunas espinas, aunque las esconde dando bondad y esperanza.

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