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La España de las piscinas

Sergio del Molino escribió un ensayo relatando la fascinación que inspira la alegría de las piscinas en una tierra árida (ahora se llama “estresada por el agua”). En los países nórdicos o en Gran Bretaña rara vez se ven casas con piscina, pero en España es la ilusión del aspirante a español de clase media tener una lo más privada posible, o al menos de uso limitado. Los había en las urbanizaciones de la periferia, en los hoteles y en los hoteles comunales que hacían en cada pueblo. En Alcalá de los Gazules recibieron tantas visitas de fuera de la ciudad que tuvieron que idear un procedimiento en beneficio de los vecinos. Durante mucho tiempo en Cádiz solo existió la piscina del Hotel Atlántico y la de Educación y Descanso, luego llegó la moda de construir una piscina en la azotea, una nueva costumbre que el ayuntamiento quiso limitar, pero como tantas otras cosas lo anunciado por el equipo de gobierno, nada ha resultado, unas declaraciones de lucha de clases castigan a los pretenciosos ya los turistas tan impopulares en Adelante Cádiz. El Ayuntamiento no ha tomado ninguna medida para limitar la instalación de piscinas en la azotea, a pesar de alertarnos sobre la sequía y el cambio climático. Lo mismo es que Albita, la Greta de La Caleta, la ambientalista del equipo de gobierno, nos dejó por otros blancos mejor pagados, dejando parado y sin líder a todo el coro de cantantes que lucharon por su MP, como El Empanadillero Anticapi y su dijeron los mariachis. No se sabe qué opina el concejal delegado para la transición ecológica, José María González, que ha delegado las competencias en esta materia del propio alcalde, en un ejercicio de doble personalidad te ríes del Doctor Jeckill y Mister Hyde. No sabemos si el Ayuntamiento seguirá adelante con la idea, sí o no, el conspicuo representante de la clase media emergente gaditana, el Club Náutico, ese centro donde las cuatro quintas partes de sus socios no tienen embarcación, ha abierto un piscina cubierta, especialmente en la pública Zona a pocos centímetros del mar donde poder bañarse sin ocupar privadamente un espacio público. Pero debe ser pedir demasiado que la gente se comporte como un español común y corriente, obedeciendo la ley y pagando sus impuestos. Somos un país donde a la gente le gusta el privilegio, desde el superpuma hasta el halcón, desde el billete a la Falla hasta la niñera financiada con fondos públicos, desde la puerta giratoria hasta el millonario del cinturón o la piscina. España, piscina privada e independiente de la legislación vigente.

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