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Natanael, el joven sin contrato de trabajo muerto en un accidente laboral en Valencia

La subsistencia diaria de Natanael y de su hermano, Daniel, dependía de una llamada. Cuando el móvil sonaba sabían que ese día cada uno se llevaría 50 euros al bolsillo porque les pagaban tarifa plana a pesar de las horas extra. Para ello debían estar en el lugar y a la hora indicada por una empresa de la construcción. El viernes 23 de septiembre, tenían que acudir a la Universidad Politécnica de Valencia a cambiar la cubierta de su piscina: Natanael murió tras caer al vacíodesde quince metros de altura.

«No firmamos nada: ni contrato ni seguro social«, denuncia Daniel, desvelando en exclusiva para EL ESPAÑOL los trapos sucios del accidente laboral que le costó la vida a su hermano y que causó una gran consternación en el Campus de Vera. El Grupo de Homicidios y la Brigada de Extranjería de la Policía Nacional, así como la Inspección de Trabajo, investigan las circunstancias de la muerte de Natanael, marcada por el drama de la inmigración irregular y que además ocurrió en unas instalaciones públicas.

«Nuestro sueño era venir a España a trabajar para superar las malas condiciones de Honduras», recuerda Daniel, muy afectado a nivel psicológico tras presenciar la muerte de su hermano, con el que aterrizó en suelo patrio un 30 de abril, con la maleta cargada de sueños.

– ¿Por qué escogieron España para empezar una nueva vida?

– Daniel: Podríamos haber optado por ir al norte de Estados Unidos, pero nos frenó el peligro que se corre al cruzar la frontera. Los ‘coyotes’, los encargados de ayudarte a cruzar, a veces dejan a la gente abandonada a su suerte y muere. También hay un grupo organizado, conocido como Los Zetas, que secuestra a las personas que cruzan la frontera, piden un rescate a sus familiares y si no pagan los matan. Es muy difícil atravesar la frontera americana, por eso nos vinimos a España.

Un vuelo como turistas fue el ‘salvoconducto’ para entrar en el país que utilizaron estos hermanos hondureños: Natanael, de 23 años, y Daniel, de 31 años. Desde los primeros días empezaron a conocer la dura realidad de ser un inmigrante en situación irregular en España: tuvieron que alojarse en un piso patera. El inmueble daba techo a seis personas: otros dos compatriotas de Honduras y una pareja de Venezuela. «Pagábamos 350 euros al mes por dormir en la misma habitación».

Natanael Manzanares, en una foto cedida por su hermano.
Natanael Manzanares, en una foto cedida por su hermano.

Una vez asentados, lo que más les urgía a los hermanos era buscar trabajo porque no habían venido de turismo a Valencia. «Mi objetivo era pagar una casa en Honduras para mi esposa y mis dos hijos: de 6 y 10 años«, resume Daniel, al que el sueldo de su empleo no le daba para cubrir necesidades básicas de su familia: atención médica, asistencia médica… «Me pagaban 9.000 lempiras, al cambio son 371 euros». Natanael era soltero, pero también emigró con una mochila económica: «Quería ayudar a mis papás a pagar unos préstamos porque somos cinco hermanos y también colaboraba con nuestra hermana pequeña para terminar sus estudios».

Su situación como inmigrantes irregulares era un hándicap insalvable para encontrar un empleo, de modo que Natanael y Daniel tuvieron que pedir ayuda. «Mi hermano tenía un amigo en Valencia que nos ayudó a conseguir trabajo en una empresa de obra civil y de reformas».

– ¿Usted y su hermano tenían experiencia como trabajadores en el sector de la construcción?

– No. Mi hermano trabaja como soldador en Honduras y yo era administrador de una ferretería.

De manera que sin cualificación profesional específica para trabajar en la construcción, sin alta en la Seguridad Social, sin contrato, sin seguro y sin permiso de residencia en España, estos dos hondureños se pusieron a las órdenes de una empresa que a pesar de estas prácticas, también trabaja para instituciones públicas, a la vista de lo sucedido en la piscina de la Universidad Politécnica de Valencia.

– ¿Cuáles eran las condiciones laborales?

– Empezamos a trabajar en mayo. Nos llamaron y nos dijeron: ‘ustedes se presentan este día a trabajar’. Ya está. No firmamos nada: ni contrato ni teníamos seguro social. El horario era de ocho de la mañana a cinco de la tarde. Nos pagaban 50 euros por día trabajado, pero el sueldo nos lo entregaban en mano a final de mes. El trabajo dependía de la suerte de que te llamasen, si no te llamaban tenías que esperar. De hecho, hubo un mes en el que yo solo trabajé 7 días y mi hermano 15 días. Lo más bajo que hemos cobrado al mes ha sido entre 350 y 700 euros.

– ¿Cobraban las horas extraordinarias?

– No pagaban las horas extras. Si había que hacerlas, las hacíamos por nada. 

La empresa se aprovechaba de la necesidad de estos hermanos: o aceptaban el tajo que se les ofrecía o ese día no ganaban un euro. De forma que estos hondureños sin papeles trabajaron presuntamente de forma irregular, semana tras semana y mes tras mes, ejerciendo de peones de obra en diversos pueblos de Valencia: Onteniente, Chirivella…

«Mi hermano era una persona divertida y simpática, siempre buscaba la forma de sacarte una sonrisa si tenías un mal día», resalta Daniel, apenado por el trágico final que ha corrido Natanael, con solo 23 años. «A pesar de los problemas era positivo, cuando me veía superado por las circunstancias y le decía que quería regresar a mi país porque la cosa estaba difícil en España, siempre me daba ánimos diciéndome: ‘Ya estamos aquí, poco a poco nos acostumbraremos a la vida y verás cómo nos recuperaremos, solo hay que echarle ganas’».

Natanael era más pequeño que Daniel, pero siempre tenía palabras para reconfortarle por el sufrimiento que arrastraba al tener a su mujer y sus dos hijos a más de 8.500 kilómetros de distancia. «Era testigo de Jehová, estaba muy centrado en acudir a predicar con su congregación«, apunta sobre la entrega religiosa de su hermano, con el que solía disfrutar del tiempo libre «caminando» y «platicando» por la orilla del río Turia.

La fatídica cubierta de la piscina

«Natanael me contó que estaba pensando en hacer un curso de soldadura porque quería dedicarse profesionalmente a lo suyo en España». Ese sueño no se cumplirá por el accidente laboral que le costó la vida el viernes 23 de septiembre, en la Universidad Politécnica de Valencia. «Ese día yo estaba allí», se repite Daniel con amargura. Casi nunca solían coincidir en una misma obra, pero aquel trágico viernes llamaron a estos dos hondureños para renovar la cubierta de la piscina climatizada.

Piscina cubierta de la Universidad Politécnica de Valencia donde se produjo el accidente mortal que investiga la Policía Nacional.
Piscina cubierta de la Universidad Politécnica de Valencia donde se produjo el accidente mortal que investiga la Policía Nacional.

«Estaban retirando el techo de la piscina cubierta porque estaba dañado», según precisa Daniel, sobre los trabajos que encomendó la empresa a una cuadrilla de siete peones movilizada en el Campus de Vera. «El encargado hizo dos equipos de trabajo, uno dedicado a quitar los desperfectos del techo y otro a sustituirlos, el día del accidente, tres personas debíamos estar abajo, en el exterior de la instalación, para recoger las placas que bajaba una grúa y colocarlas dentro de un contenedor».

– ¿Cómo se produjo el accidente de Natanael?

– A mi hermano le tocó estar arriba, en el equipo de trabajo de la cubierta, a 15 metros de altura. Ese día recuerdo que acabábamos de terminar de almorzar, serían las once de la mañana, retomamos el trabajo, y la grúa sufrió un problema técnico. Entonces, el encargado nos dijo que mientras arreglaban la grúa que subiésemos a ayudar. Nos dirigíamos al andamio que había para subir al techo, cuando escuchamos gritos: eso nos alteró y salimos todos corriendo. Contar esto no es fácil, siento ansiedad.

– Tranquilo, puede tomarse el tiempo que necesite.

– Todos salimos corriendo hacia la piscina cubierta y cuando entré vi a mi hermano tirado en el borde.

– ¿Cómo reaccionó el encargado de la empresa que estaba en ese momento en la piscina de la Universidad Politécnica de Valencia?

– Me dijo que lo mejor era que no estuviera allí. Me recomendó que me fuera, pero yo le respondí que no iba a dejar solo a mi hermano: había sufrido un accidente. Entonces, me contestó que si la Policía me llegaba a preguntar nuestros nombres que les diese datos falsos.

– ¿Cuántos peones de la cuadrilla estaban trabajando sin contrato el 23 de septiembre?

– No tengo la certeza, pero también había dos colombianos, un venezolano, un ecuatoriano y nosotros que éramos de Honduras. De todos ellos, cuando llegó la Policía Nacional y quiso buscarlos para tomarles declaración, solo se quedó el ecuatoriano y yo. Cuando los agentes me preguntaron les di los datos reales de mi hermano y los míos. Me pidieron el NIE de ambos y les dije que no teníamos permiso de residencia.

Los agentes me preguntaron si teníamos contrato o seguro, igualmente, les contesté que no. Yo les conté la verdad. Los policías fueron muy amables, me dijeron que estuviese tranquilo, que su objetivo no era expulsarme del país, y que lo único importante era mi hermano porque todavía no había fallecido: los médicos le estaban atendiendo en la piscina.

Atormentado por los recuerdos

Daniel vive atormentado porque vio los últimos instantes de su hermano con vida. «Cuando le encontré tirado en la piscina, corrí hacia Natanael: yo le tocaba y le hablaba para que respondiera, pero no reaccionaba«, rememora este hondureño, de 31 años, tratando de contener las lágrimas. «Le hablaba esperando que en algún momento me respondiera porque todavía tenía pulso, hasta que me dijeron que me saliese porque yo estaba en shock y no me hacía ningún bien el ver a mi hermano en estado crítico».

Tres sanitarios de un equipo del SAMU de Valencia.
Tres sanitarios de un equipo del SAMU de Valencia (GVA).

El equipo médico del SAMU estabilizó a Natanael tras sufrir un paro cardíaco en la piscina y le trasladó al Hospital Clínico de Valencia donde falleció. Daniel estaba desolado, pero todavía tendría que tragarse su propia hiel para no reaccionar mal ante lo que escuchó aquel viernes: «La mujer del dueño de la empresa fue al hospital y me dijo que debía ayudarles y ponerme a pensar en el favor que nos hicieron por darnos un trabajo, me pidió que le dijera a la Policía que el día del accidente fue el primer día de trabajo de mi hermano, obviamente, por respeto, no le dije nada».

La empresa llegó a emitir un comunicado para dar el pésame a los allegados de Natanael Manzanares, asegurando que se haría cargo de los gastos fúnebres. «Nuestras más sentidas condolencias a sus familiares y amigos, rogando al Todopoderoso que les dé resignación por tan terrible pérdida. Estamos dispuestos a cubrir el costo de la repatriación de su cuerpo«. Pero Daniel denuncia públicamente que ni siquiera han cumplido eso: «Hasta la fecha no han pagado nada».

– ¿Cómo se siente usted?

– Estoy decepcionado y dolido con la empresa. Pensé que se comportarían de una manera más humana, pero no les importó que se perdiese una vida. Al final, lo único que querían era que el nombre de su empresa quedase limpio. Trataron la vida de mi hermano como si no fuese nada.

La abogada Verónica Ene, en el despacho de abogados MMB.
La abogada Verónica Ene, en el despacho de abogados MMB (Cedida).

El cuerpo de Natanael regresará a su país gracias al Consulado de Honduras y a la Asociación de Hondureños Solidarios de Valencia. La letrada Verónica Ene, del despacho de abogados MMB, representará a Daniel para emprender acciones legales contra la empresa que está dada de alta como sociedad limitada dedicada a la construcción de toda clase de obras, proyectos de ingeniería civil, carreteras, vías férreas, puentes y túneles.

«Estamos a la espera del atestado policial con la investigación de los hechos, aunque nuestra intención es calificarloscomo un delito contra los derechos de los trabajadores porque la víctima mortal no tenía contrato laboral, sin perjuicio de que puedan entrar en concurso otros delitos, como falta de prevención de riesgos laborales y fraude a la Seguridad Social», según indica la afamada abogada.

«Tampoco hay que olvidar que Daniel tiene un papel doble en este caso: actuará como testigo y como víctima de otro delito contra los derechos de los trabajadores porque no tenía contrato y eso es algo que también denunciaremos», tal y como avanza la letrada.

Verónica Ene lamenta la actitud que hasta ahora está mostrando la empresa de la construcción que está en la diana de la Policía Nacional: «No han pagado ni el sueldo de septiembre ni el finiquito ni del fallecido ni de su hermano y no han afrontado los gastos de repatriación del cuerpo que son más de 5.000 euros, creo que deberían empezar a resarcir a esta familia por esta pérdida irreparable».

El lío de las subcontratas

La investigación de la Policía Nacional para depurar responsabilidades legales no será sencilla, puesto que la empresa adjudicataria de la reforma de la cubierta de la piscina subcontrató a otras dos mercantiles: una de ellas era la sociedad para la que trabajaban ilegalmente Natanael y Daniel. Este diario ha contactado con el responsable de la mercantil donde murió el hondureño y advierte de que este ‘marrón’ judicial no es exclusivamente suyo: «No estoy implicado solo yo, hay otras empresas que están ahí«.

Este empresario remarca que su mercantil «no era la responsable de montar el techo» de la piscina de la Universidad Politécnica de Valencia. «A mí me llamaron para llevar personal para ayudar a descargar andamios y vallar, yo no soy montador y desmontador de techos. Yo no soy el único implicado aquí, pero sí que he cometido el error de hacerle caso a todo el mundo: tanto a los trabajadores que andan mendigando que no tienen para vivir como a la empresa que me pidió personal». 

– Entonces, ¿usted sostiene que no es el responsable de la muerte de Natanael?

– La responsable es la empresa de la obra y la persona que le autorizó a subirse arriba sabiendo que no tiene un curso. A mí solo me llamaron para ayudar: ¿Usted cree que es normal que le subiesen a un techo? ¿Cómo subieron a gente sin formación a un tejado?

– ¿Es consciente de que durante meses utilizó a dos inmigrantes en situación irregular sin hacerles un contrato?

– No soy la única empresa que lleva a gente ilegal: no hay inspectores para que anden por las calles.

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