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Reabre la notaría de Picassent: la antigua pancarta de Lloyd Wright con cristales antibalas

VALENCIA. Hay edificios cuyo genoma se puede descomponer fácilmente a partir de multitud de datos. Un legado bien enlazado que nos permite entender quién vivió antes, por qué ese muro de allá, por qué ese arreglo de aquí. Lo contrario sucede con la Caseta del Notari de Picassent. Es uno de esos edificios monumentales en un municipio del Corduro de Valencia, que por su carácter representan una entidad diferenciada. Un stand, aunque de 400m2, y con un almacenamiento encriptado que vuelven a tener los responsables de la modulación de sus espacios – la empresa valenciana arquitectura de torneado– Intentaron interpretar.

Pero un misterio mixto domina su espalda. Qué era la casa notarial, quiénes vivían allí, por qué utilizan este medio. Un importante arquitecto de las décadas de 1950 y 1960 fue el responsable de su construcción, aunque los archivos no aclaran quién fue. Sus lentes naranjas consiguen que apenas entre luz en su interior. Eran ahumados, a prueba de balas e importados de EE. UU. ¿Por qué el notario necesitaba tal nivel de protección?

En medio de estos misterios, entre la intimidad y el deseo de saber, Marta Piqueras, el arquitecto responsable, fue el encargado de insuflar nueva vida al conjunto. Lo hizo con la tarea de generar espacios muy grandes, para ello tuvo que derribar paredes y superficies de contacto, conectar la sala de estar a una piscina exterior y, sobre todo, dejar correr la luz frente a la memoria altamente opaca del edificio.

Pero es el original techo de madera abuhardillado que es más protagonista, con una carga visual que acapara la atención. Precisamente para focalizarlo, se eliminaron los elementos macizos y más pesados ​​-se dejó intacta la cubierta- y para dejar pasar la luz, se colocaron suelos claros y se optó por mobiliario neutro de Andreu World.

El trabajo debe completar el objetivo. modernizar una casa de los años setenta cuyas sombras eran tan alargadas que amenazaban con engullir la habitabilidad del lugar.

Mientras tanto, ¿qué ha sido de estos vasos de los setenta, que supuestamente están dispuestos de tal manera que nadie le dispara a su propietario en una mala tarde? Las gafas se han renovado con piezas transparentes que permiten un mejor paso de la luz y favorecen una percepción casi mágica: el techo parece flotar sobre la casa.

En este proceso de comprensión, este baluarte de Picassent puede entenderse como una conexión directa con las corrientes americanas de la “arquitectura japonesa”, de la que Frank Lloyd Wright fue uno de los principales exponentes. Una arquitectura orgánica con espacios interiores y exteriores equilibrados con un significado similar. Como arqueólogos, el equipo de Viraje encontró elementos que los sitúan en las casas de estilo japonés que se introdujeron en España a principios de la década de 1950.

Como resultado de este entendimiento, las puertas corredizas de vidrio y tela de estilo japonés se mantuvieron, después de ser renovadas. Los baños también han sido muy cuidados: “Son de museo”, declararon los fontaneros al verlos, colgados y de cerámica, sin ningún denominador de época.

Los nuevos dueños de la propiedad, que siguieron todo el proceso desde China, donde vivían, fueron descubriendo cómo su propiedad se fusionaba con la vegetación circundante y se adhirieron a las normas japonesas, según las cuales propiedad y contexto se igualan. Cuando llegaron y vieron el resultado final, se encontraron con este tranquilo escenario que parece dar paso a un mundo paralelo.

Cuando el notario volviera a casa, comentan de Viraje, “estaría orgulloso de ver conservados todos los elementos principales de la casa y de realzarlos aún más”.

Aunque un misterio todavía acecha la luz finalmente penetra como nunca antes en un lugar protegido de sí mismo por su prominencia.

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