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Reacción con festival de fútbol y goles.

Comercio a las 23:19

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Xavi sabe mejor que nadie la exigencia que hay en un club como el Barça. No hay periodos de transición ni paciencia a la hora de construir proyectos. Siempre tienes que ganar. Y cada partido es una final. Sobre todo en tiempos de crisis. La apuesta de todo o nada de Laporta con apalancamiento aumenta la presión por conseguir buenos resultados. Y por supuesto títulos. En la rueda de prensa previa al choque contra el Villarreal, Xavi dijo públicamente lo que siempre ha comentado en privado: su posición en el banquillo está hecha de éxito o fracaso. Si no hay victoria, es reemplazado por otro entrenador. Es así de simple y así de difícil.

Por eso Xavi es el primero en querer que este nuevo Barça rinda al máximo cuanto antes. Que el camino entre el fracaso y el triunfo sea lo más corto y corto posible. Las urgencias se han convertido en urgencias tras la virtual eliminación en Champions y la decepcionante derrota en el clásico. Y la reacción en la liga fue innegociable. La necesidad de transformar la dinámica negativa obligó al técnico a sacudir al equipo con una revolución: cinco titulares en el Bernabéu (Eric, Balde, Busquets, Raphinha y Dembélé) se quedaron en el banquillo, y Marcos Alonso, Jordi Alba, Gavi, Ansu Entró Ferran y con Frenkie De Jong de centrocampista. Objetivo: reaccionar.

¡Y si el Barça reaccionara! La apuesta de Xavi fue enormemente positiva. Desde el primer minuto, el equipo mostró una intensidad que parecía olvidada, con mucha presión y constante recuperación de las derrotas. El ataque fue constante y fluido. Y siempre acompañado de seguridad en defensa en las transiciones rápidas del Villarreal. Jordi Alba (mucho mejor que Marcos Alonso como lateral y aún mejor que Balde en intimidación ofensiva) fue un puñal en la banda. Ansu y Ferran desequilibraron más que Raphinha y Dembélé. De Jong estuvo imperial en el papel de Busquets. Y Lewandowski… interpretó a Lewandowski. Dos grandes goles en cuatro minutos para cerrar el partido tras media hora de juego.

Este Barça es el Barça competitivo que ilusiona a todos los catalanes. Confiar en la meritocracia, en los mejores, siempre conduce al éxito. La exhibición ante el Villarreal es un bálsamo que sin duda calmará los nervios dentro y fuera del club. Hasta la próxima final. Contra el Athletic el domingo. Porque insisto, esto es el Barça. Y siempre hay que ganar…

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