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Representante eunuco – Infobae

Los representantes deben expresar la voluntad del pueblo.
Los representantes deben expresar la voluntad del pueblo.

La representación del pueblo sospecha que por una sustitución legítima se está relevando la personalidad del pueblo, titular de la soberanía, en favor de los representantes y se está estableciendo una conexión entre el pueblo representado y sus representantes.

Si bien la representación es el medio o cauce para expresar la voluntad de los ciudadanos, la expresión es “Aldea” Aunque difusa y etérea, es una denominación que encierra diversas manifestaciones o conflictos de interés entre los dos sectores que coinciden en esta aparente unidad.

La síntesis -no siempre lograda- de la voluntad política unificada del pueblo se refleja en la forma en que se procesa esa diversidad, en muchas ocasiones ficticia, aun cuando sofisticados mecanismos electorales dan una aparente respuesta a esta representación.

Simonetti ha dicho que es de Hobbes que nada en el concepto de representación está preconstituido al hecho de que es la creación del cuerpo político. En algunos pasajes, la representación se mueve en terreno común con la ficción; Es bien sabido que la integración humana cambia minuto a minuto: unos nacen y otros mueren; A pesar de esto, se dice que es inmutable. En estas representaciones, la actuación es ficción y la vida social está llena de ficción.

Bueno, incluso si hay un cierto lado ficticio y ambiguo incrustado en la conexión entre las personas y la representación, que está lejos de ser uno con el valle y la montaña, esta es al menos la verdad. En la modernidad fluida, el desarrollo del gobierno mediante el ejercicio de la democracia directa propia de las primeras civilizaciones griegas es impensable o virtualmente imposible.

Esto ha llevado al surgimiento de una autoridad intermedia entre los gobernantes y los gobernados. Por lo tanto, las palabras de Chevallier son correctas. En su encomiable obra Los Grandes Textos Políticos, nos recuerda, analizando el “Contrato Social de Roseau”, que la conclusión que de él se extrae es que el gobierno es un intermediario entre el soberano y los súbditos; un grupo limitado de personas dentro de un gran cuerpo político, o una pequeña sociedad dentro de la grande.

a dicho cuerpo Si no se controla o controla, eventualmente puede usurpar la soberanía de la sociedad.. Rosseau vio claramente que los hombres que forman parte de este cuerpo intermedio poseían un vicio innato e inevitable que, desde el nacimiento de la tribu política, ha tendido incesantemente a destruirla, como la vejez y la muerte acaban por destruir el cuerpo humano. No se me escapa que el cuerpo es una entidad social, cultural y política y que, como señala Foucault, en él se ejercen y desarrollan relaciones de poder.

Si es así, y sin dirigir mi mirada a ningún gobernante en particular, el eunuco representante sigue caminos similares, si no idénticos. Es el elegido para dirigir las fortunas y asuntos de la sociedad, pero como eunuco que es, aunque elegido o síndico, no tiene las riendas del gobierno ni la autoridad para articular desafíos.

Por el contrario, se ve impulsado a convertirse en el CEO de lujo de otra persona o grupo de personas, degradado o subyugado e incluso alcanzado por la “cultura de las propinas”: Cuando ya no realiza una función útil, pasa a estar disponible o es redundante.

En la actualidad hay un colonialismo tardío disfrazado de formas jurídicas, recurre a designaciones legales, pero con la paradoja de que el designado no es quien dirige las fortunas, gracias a lo cual la democracia tiende a vaciarse de su contenido.

La democracia, al menos hoy, no se sumerge en la niebla oscura ante la lamentable ocurrencia de una insurrección militar; por el contrario, se encoge, por un lado, con las garantías de impunidad que anhelan ciertos bandoleros, y por otro lado, con el peligro de la legitimidad de origen que posee la persona elegida al ser pulida o subrogada en su misión a terceros.

El famoso “poder detrás del trono”, que siempre ha estado presente en la aldea global, arroja un cono de sombra sobre la delegación popular: la transformación del Presidente en deuteragonista lleva la voluntad empoderadora al sarcófago.

La noción lineal de representación tiene sus dos puntos de anclaje bien definidos: la construcción del estado de derecho a través de la representación con la debida atribución de roles o funciones y una definición de los espacios públicos ocupados.

El “hombre de paja”, la teratología que proyecta, trastorna la axiología de la representación al permitirle convertir la democracia en un cadáver insepulto. En cierta medida emula el último tramo de las “Ruinas circulares” de nuestro gran Jorge Luis Borges, cuando lo sigue “con alivio, con humillación, con terror”, entendió que él también era una aparición de que alguien más era él. soñado

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